El trabajo ennoblece pero la nobleza no trabaja
Centro Cultural de España en Guatemala
Del 21 de mayo al 14 de junio
Artistas: Regina Galindo (Guatemala), Judi Werthein (Venezuela), Mónica Ruzansky (México), Luis Ospina / Carlos Mayolo (Colombia) y Phil Collins (Reino Unido).
Curada por Michèle Faguet
Entrada libre
Judy Werthein Familia (dis)functional
En una discusión en torno a
Asunción, un cortometraje sobre una rebelde empleada doméstica que produjo junto a Carlos Mayolo en 1975, Luis Ospina afirmaba que, al hacerlo, tenía la intención de crear paranoia, ya que “las empleadas domésticas representan una clase enemiga durmiendo bajo el mismo techo.” Y este “enemigo” es un miembro integral de la familia: ella sirve y cuida, siendo simultáneamente apreciada y explotada, querida y compadecida. Ella, a su vez, será inevitablemente recíproca en esta relación malsana y codependiente, desarrollando fuertes vínculos emocionales con sus patrones y sus niños mientras, sin duda, estará resentida por esos privilegios de clase y por una jerarquía social que la ha relegado al último peldaño. Incluso dentro de su misma clase social, la empleada doméstica es, la mayoría de las veces, una figura trágica: una mujer soltera que debe descuidar a sus propios hijos para buscarles un mejor futuro, en particular a sus hijas, de las que espera que no terminen como ella.
El dicho “el trabajo ennoblece” tiene una compleja etimología; aunque algunas veces ha sido asociado a la resistencia política popular y la política revolucionaria, este aforismo puede enlazarse con las enseñanzas de la Iglesia Católica, e incluso con el
Reichsarbeitsdienst del Tercer Reich, cuya función era combatir el desempleo en la Alemania nazi bajo el lema
Arbeit ardelt (el trabajo ennoblece). Una frase relacionada con aquella,
Arbeit macht frei (el trabajo libera) estaba inscrita en la entrada de numerosos campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.Hay, incluso, una frase holandesa que afirma que “el trabajo ennoblece, pero la nobleza no trabaja” (
Arbeid adelt, maar adel arbeidt niet), resultando curiosa en un país como Holanda, al que generalmente no asociamos con conflictos de clase, a pesar de su condición de monarquía independiente. (Muchos artistas, curadores e instituciones en América Latina y otras regiones en desarrollo se han beneficiado de la generosidad de esta monarquía ejercida a través de las becas concedidas por la Fundación Príncipe Claus).
La idea de esta exhibición parte de un muy simple pero significativo encuentro fortuito entre dos obras muy diferentes:
Asunción, sobre la que estaba escribiendo cuando recibí imágenes de
Angelina (2002), de Regina Galindo, un trabajo bien conocido por el público local en Guatemala. Una vez me hube decidido a curar una exhibición de trabajos en torno a la figura de la empleada doméstica, no tuve que mirar muy lejos para encontrar otras piezas de un grupo muy diverso de artistas y cineastas, como
Familia (dis)functional, de Judi Werthein (2007), un falso documental sobre la Casa Sonneveld en Rotterdam (la aristocrática familia Sonneveld es representada por actores negros, posibles descendientes de súbditos coloniales sobre quienes recayó la explotación con la que los Sonneveld construyeron su riqueza; mientras sus empleadas domésticas eran interpretadas por dos jóvenes mujeres blancas de clase media).
Soy mi madre, de Phil Collins (2008) es una telenovela lejanamente basada en
Las criadas, de Jean Genet (1947), exquisitamente producida, grabada en Ciudad de México con la participación de muchas grandes estrellas de telenovelas. La película fue concebida mientras Collins desarrollaba una residencia artística en Aspen, Colorado, y responde a la presencia de una enorme fuerza laboral de trabajadores domésticos mexicanos que sirven a familias ricas en los Estados Unidos. La serie de fotografías "Dicen que los perros se parecen a sus dueños"(2008), de Mónica Ruzansky, consiste en retratos de empleadas domésticas sacando a pasear los perros de sus patrones, usualmente caros ejemplares de raza, cuya típica función es aliviar las ansiedades raciales de las familias de la rica “aristocracia” latinoamericana. Finalmente,
La nana, de Sebastián Silva (2008), es una película que ganó varios premios en el Festival de Sundance 2009 un sutil retrato de la compleja dinámica emocional que existe entre una empleada doméstica de mucho tiempo y la bienintencionada familia para la que trabaja.
Michèle Faguet
Curadora